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10/08/11

AMOR - RESPETO - TEMOR


Desde el mismo momento en que nos enteramos de nuestra futura paternidad, empezamos a dirimir el conflicto entre seguir las mismas pautas de crianza con las que nos educaron o hacer todo lo contrario si no estuvimos de acuerdo con nuestros padres, lo que encontramos con el pasar del tiempo es que muchas veces terminamos sin intención repitiendo los errores que ellos cometieron. Generalmente se da por sentado que uno de los padres o cuidadores educa con amor y el otro corrige con temor, sin embargo aunque este sea un modelo que se haya perpetuado a través de los tiempos, no quiere decir que sea la manera correcta de asumir el rol paterno o materno.

Existen tres maneras de educar que se en tres maneras de establecer la relación con nuestros hijos e hijas; el temor, el respeto o el amor. Todas ellas poseen aspectos positivos o negativos que son los que generan el conflicto real al que nos vemos enfrentados a la hora de la formación de los niños y jóvenes, vamos a analizar cada una de ellas:

Muchos padres consideran de manera acertada que a los hijos debemos ponerles limites, sin embargo erran al pensar que estos límites deben ser impuestos sin consideración alguna y deben cumplirse solo porque son las reglas de la casa y que son los adultos los únicos que están en capacidad de evaluarlas y modificarlas, consideran que el trabajo del hijo es seguirlas y cuando se toma el atrevimiento de cuestionarlas se considera como un acto de rebeldía que debe ser castigado. El castigo ante la falta es elegido también por el padre, el cual es generalmente mayor en proporción respecto a la falta, y va acompañado de maltrato verbal porque el padre responde en momentos en los que está enojado, su autoestima y su poder han sido atacados, por eso con el objetivo de mostrarle quien tiene el control total de la situación, generalmente estos padres cierran toda posibilidad al vínculo emocional con el hijo/a pues creen que hacerlo es mostrarles debilidad y entonces ellos encontrarán la manera de aprovecharse de ello y saltarse las reglas, las cuales regularmente no tienen en cuenta la edad, el avance en el tiempo, las responsabilidad y la madurez del joven. Esta situación funciona por algún tiempo, mientras el niño es pequeño se limita a acatar las órdenes porque al evaluar su situación se da cuenta que su padre es mayor en tamaño, mas fuerte, con mayor conocimiento y es el único circulo social que conoce, por eso tiene todas las de perder, el padre continua porque cree tener éxito en su labor.

Este tipo de relación anula totalmente la confianza y rompe toda posibilidad de diálogo. Así que en el momento en el que el adolescente reconozca su propia fuerza, su estatura, madurez e inteligencia llegará el momento tan esperado de rebelarse y la relación se convertirá en una batalla campal en la que al adulto no le queda más que reconocer ser superado por su hijo/a. El joven educado en el temor, aprendió a establecer relaciones basadas en el temor, en la agresión y en el control, así que presentará enormes dificultades para establecer relaciones de pareja sanas, creerá que como a sus padres ahora todos le deben obediencia, querrá mantener el control del otro sintiendo que le pertenece, generando celotipia y maltrato o por el contrario continuará su actitud sumisa a lo largo de su vida permitiendo que sean otros quienes tomen las decisiones por él o ella, recibiendo golpes y maltratos pues aceptó su vida de esa manera. No sabrá tomar decisiones pues nunca le enseñaron a hacerlo, su autoestima estará enormemente disminuida, no tendrá auto respeto ni metas porque eran otros quienes las elegían. Por otro lado, el padre se dará cuenta demasiado tarde del fallo en la relación y en virtud del mantenimiento del control que ya no existe alejará aún más a su hijo/a en el momento en el que más lo necesita.

Otros padres reconocen que la educación debe estar basada en el amor, pero en alguna ocasiones piensan que se trata de ese amor incondicional que acepta todo, en el que son los padres quienes se deben a sus hijos por lo que cumplen todos sus requerimientos y sus condiciones con el único objetivo que tengan lo que ellos no tuvieron. Se convierten en padres demasiado permisivos que sobrepasan fácilmente el límite entre la confianza y la falta de interés, enviando mensajes equivocados confundiendo al niño o niña. Es completamente cierto que la relación con nuestros hijos debe estar basada en el amor, pero para hacerlo se debe entender realmente el significado de la palabra amor. Un padre permisivo se siente incomodo si su hijo "sufre", si llora o se angustia cuando algo no le sale bien, si no obtiene lo que desea, aceptan un grito y hasta un insulto y lo ignora con el fin de ahorrarse la discusión, le dan todo sin pensar si siempre van a poder hacerlo, "el amor lo puede todo"es una de las premisas principales de este tipo de padres. Sin embargo sin mala intensión están educando niños dependientes, inseguros, incapaces de tomar sus propias decisiones, con baja tolerancia a la frustración, aquellos seres humanos que creen ser el centro del mundo y quienes esperan tenerlo todo al alcance sin ningún tipo de esfuerzo, estos seres humanos generalmente mantienen relaciones de apego inseguras, no son capaces de aceptar la opinión de otros o respetar las necesidades de los demás porque sienten que las suyas siempre serán las mas importantes.

Por ultimo una educación sentada sobre la base del respeto es aquella que entiende que estamos tratando con seres humanos y que todo aquello que hagamos o dejemos de hacer se convierte cada vez en mas importante para desarrollar los valores del otro. Se trata de reciprocidad, de ver todo lo que el niño nos enseña, escucharlo y entender sus deseos, aterrizarlos y ayudarle a lograrlos o a recanalizarlos, el niño/a sabe que existen cosas que no están permitidas pero también entiende porque no lo están y si existe alguna posibilidad más adelante de obtenerlas. No se trata aquí de negociarlo todo, se trata de ir al fondo y ver mas allá del presente, "este momento, esta pataleta, como la puedo utilizar en benefició del desarrollo emocional de mi hijo? que podemos aprender de esto?", en lugar de elegir por él, le enseña a elegir, le da opciones y lo orienta. En lugar de discutir con él empieza a conocer a su hijo, que le funciona, como comprende su realidad, elige consecuencias acordes con las acciones y las aplica con una actitud segura y firme.

Un padre que utilice este tipo de educación logra equilibrar los límites y el afecto de tal manera que a futuro sus hijos sean seres autónomos e independientes pero también cariñosos y empáticos, un hijo debe aprender las consecuencias de sus acciones, debe aprender que no siempre va a ganar pero que entre más se esfuerce más podrán mejorar sus oportunidades de éxito, reconocerá que debe respetar a los demás, entre ellos sus padres por el simple hecho de ser seres vivos y no porque se lo exigen, sabrá identificar lo bueno de lo malo y creará con su familia un lazo de unión incondicional, una identidad propia, un circulo de confianza y amor.

03/08/11

“NO ME ESCUHAS…. NO PUEDO HABLAR CONTIGO”


Cuando nuestros hijos tienen alrededor de los 10 u 11 años nos empezamos a preguntar qué paso? La relación con mi hijo/a era fabulosa, me hablaba, confiaba en mí, me contaba todo y ahora, porque no lo hace? Porque se aísla, me tiene secretos? O podemos preguntarnos cual es el momento ideal para fortalecer la relación de confianza con mi hijo o hija, autorizando que el novio la visite en casa a los 17 o brindándole un trago en navidad a los 14 porque ya es “grande” para tomar con el papá?

Definitivamente nos hemos olvidado que el momento propicio para iniciar la creación de una relación de confianza con nuestros hijos es desde su gestación, debemos recordar que los primeros años de vida el niño actúa como una esponja, absorbiendo toda la información de su medio, el bebé asume dentro de su propio repertorio todo lo que recibe de los demás y especialmente de sus seres más cercanos, las sonrisas, el juego, el percibirlo como un nuevo integrante de la familia con voz y voto desde el primer momento genera en el niño o niña sentido de identidad, que a la larga fortalece la comunicación y la confianza dentro de la familia, a veces pensamos que como son “tan” pequeños podemos tomar decisiones por ellos sin consultarlos, sin evaluar sus sentimientos, su estabilidad emocional o las consecuencias que nuestras acciones tengan para su vida, somos una familia, una pequeña sociedad, una pequeña empresa que solo funciona si se tiene en cuenta la opinión y participación de todos sus socios.

En la medida que van creciendo nuestro deber es estar atentos a todas sus historias, mostrar interés en su vida, en sus preocupaciones, a veces estamos tan cansados o tan preocupados que solo los dejamos hablar pero sin atenderlos realmente, pero son esos momentos los que le van diciendo al niño que puede confiar en nosotros, que puede contar con nosotros. Los adultos debemos mantener y fomentar, desde temprano, una comunicación sincera, expresiva, afectuosa y comprensiva con ellos, mediante conversaciones, diálogos, en los que se traten y discutan temas y problemas de su interés y se intercambien, con tolerancia y respeto, los diversos puntos de vista, con el ánimo del mutuo entendimiento y comprensión.

Cuando llega la pre adolescencia debemos acercarnos aún mas, acceder a ellos con mayor tiempo y amplitud de criterio, con una visión más abierta a su vida, la que ahora es su vida y no la nuestra, mostrar interés no es preparar un interrogatorio diariamente en forma inquisitoria violando su intimidad, es hacernos presentes en su mundo aprovechando los momentos en que esté más accesible, buscando las ocasiones, yendo hasta donde nos permita llegar pero dejando la puerta abierta para un acercamiento mas intimo, es hacerlos entender que siempre estaremos allí para ellos cuando lo requieran y esto debe ser cierto porque una sola vez que les fallemos, que no estemos ahí, que estemos demasiado ocupados para ellos, es suficiente para que se rompa el círculo de confianza. Pero cuando lo escuchemos también debemos estar en la disposición de evitar prejuicios, de no juzgar, de confiar en ellos y no exagerar las reacciones o sobredimensionar los problemas o las situaciones que no nos gusten o que nos parezcan peligrosas, ellos están constantemente evaluando nuestras respuestas, midiéndonos, conocen perfectamente hasta donde pueden llegar, hasta dónde va la confianza, antes de responder debemos estar seguros que si nos cuentan esta situación es porque les interesa contar con nosotros, muchas veces no quieren nuestra opinión, solamente saber que estamos con ellos y que los apoyamos, que confiamos en su criterio, eso les permite reconocer que si nos necesitan nos pueden buscar con tranquilidad, por eso debemos entender que el mundo continua, que no se ha estancado en la que era nuestra adolescencia y que los intereses, comportamientos y actitudes de aquel entonces, poco tienen que ver con los actuales, hablar un mismo lenguaje.

Investigaciones con jóvenes que han realizado intentos de suicidio demuestran que ante el embotellamiento en las dificultades los muchachos no han contado con el apoyo de su familia, aunque estaban en la condición de dárselo porque consideraban que sus padres “hablaban un lenguaje diferente, no estaban en la capacidad de entenderlos o son demasiado obstinados para comprenderlos” con frecuencia los jóvenes no se sienten vinculados a sus padres, no sienten que pertenecen a una familia y debemos recordar la enorme necesidad de aceptación en la etapa de la adolescencia y es deber de nosotros como padres de familia hacerlos sentir dentro del grupo, compartir con ellos eso que es único para nosotros, generarles identidad, no debemos esperar a que sea tarde, es en cada momento de su vida que debemos recordarles que pertenecen a nuestra vida, que somos incondicionales, tal vez los únicos en su vida social que realmente lo sean, por eso debemos evitar fallarles al máximo.

18/04/10

LAS 5 NECESIDADES DEL JOVEN ADOLESCENTE


A veces los padres no sabemos cómo actuar o acompañar a nuestro hijo adolescente, estamos llenos de buenas intenciones pero sentimos que cualquier acercamiento se siente falso o inadecuado por el comportamiento de alienación que el joven generalmente presenta, cabe mencionar que la mejor manera de facilitar la comunicación es asumir hacia ellos actitudes de simpatía, aceptación, aprobación, apoyo, estimación y respeto, fortalecer en ellos un auto concepto positivo y sano mostrándoles nuestra confianza ante sus elecciones, debemos ayudarlo a desarrollar su conciencia crítica y reflexiva hacia los demás y hacia sí mismos, inducirlos a conocerse y reconocerse, autoevaluar aquellas cosas por mejorar y crear herramientas para desarrollar sus potencialidades, a continuación encontramos cinco acciones concretas que deben convertirse en compromisos con nuestra propia labor como padres.

  1. Autocontrol. Aunque una de las características principales de la adolescencia es el desbordamiento afectivo, debemos procurar que los jóvenes reconozcan sus propios sentimientos, los identifiquen, así como sus reacciones comportamentales a los mismos y con el ejemplo mostrarles que todos podemos controlar dichas reacciones en beneficio de relaciones interpersonales más sanas y el logro de metas a largo plazo. Es mostrarles que las consecuencias lejanas del “no dejarse llevar” son mucho más positivas que el arrepentirse luego por lo que se dijo o se hizo mal, pero esto solo se logra a través del modelamiento, si es necesario debemos “agachar la cabeza” de vez en cuando y aceptar frente a ellos las equivocaciones, y sobretodo callar en lugar de responder sin pensar a pesar del reto o la afrenta.
  2. Autonomía. Todo niño, joven o adulto están en la capacidad de tomar sus propias decisiones, se trata de buscar los momentos o situaciones oportunas para enseñarles a pensar y evaluar las consecuencias de sus acciones de una manera objetiva y una vez tomada la decisión apoyarlos frente al fracaso y alabarlos frente al acierto, orientarlos en la búsqueda de sus metas pero enseñarles que solo se logran con esfuerzo, reflexión, paciencia y aprendizaje.
  3. Agradecer los errores. Así como el adulto no puede ser un superhéroe para su hijo adolescente, tampoco puede esperar su hijo lo sea para él, con el ejemplo debemos enseñarles a aceptarse en lo bueno y en lo malo, la crítica constructiva y no el juicio que destruye, pedir perdón en el momento indicado y con sinceridad, responsabilizarse de las faltas y hacer lo necesario no solo para corregirlas sino para aprender de ellas, los errores deben servir para acercarnos como familia, tu aceptas mejor a quien amas, y amas mas a quien aceptas tal como es.
  4. Relacionarse. Favorecer el establecimiento de relaciones interpersonales de todo tipo ayuda al joven a ampliar sus horizontes, a vislumbrar formas cada vez diferentes de afrontar la vida, le entrega más opciones para evaluar y entre más opciones tenga, más posibilidades de acierto existen, muchos padres erran al limitar la búsqueda de vínculos emocionales solamente dentro del núcleo que ellos aceptan pensando que acercarse a otras maneras de pensar que ellos tal vez no consideran tan “sanas” llevarán al joven al fracaso o a situaciones indeseadas, sin embargo, este es el mayor ejemplo de falta de confianza en el criterio de su hijo, por lo que se convierte en un arma de doble filo, porque al hacerlo lo están guiando en la búsqueda de lo prohibido, que termina siendo más llamativo para él que la misma decisión, confiar en su criterio para elegir lo bueno o lo malo es confiar en nosotros mismos y en la educación que le hemos brindado, es mejor estar cerca y mantener el control y no alejarnos generando el descontrol total.
  5. Escuchar. Esta es quizá la meta más importante pero quizá la más difícil en las relaciones humanas, por algún extraño motivo a ninguno de nosotros nos han enseñado realmente a escuchar al otro, léase bien escuchar que es diferente a oír, la comunicación se ha constituido a través de los tiempos en la base de todo tipo de conflictos a nivel personal, de pareja, social, laboral, internacional incluso y por supuesto en la relación padre e hijo. Solamente si escuchamos al otro, lo que quiere decir realmente, podemos entender cómo ve su realidad, que busca, hacia donde va y que espera de nosotros.

16/04/10

LA "CRISIS" DE LA ADOLESCENCIA


El adolescente desea construir su propio mundo, debido a su deseo de autoafirmación aparentemente muestra seguridad frente a sus decisiones, a veces son un poco intransigentes, sin embargo lo hacen simplemente como una respuesta a su propia inseguridad que si es leída con respeto por sus padres se puede convertir en una herramienta útil para generar confianza en la relación padre-hijo y en la relación del hijo consigo mismo. Este respeto es importante porque los jóvenes son excesivamente sensibles a la opinión social y las críticas, y si estas son en público los afectan mucho, en lugar de grandes discursos, regaños o interrogatorios sin sentido prefieren el dialogo, pero un dialogo sincero y honesto, respetando la opinión del otro, en una gesta dialéctica en la que no necesariamente se sabe de antemano quien será el ganador, buscan en sus padres modelos auténticos y son suficientemente inteligentes para identificar cuando lo que se dice no es congruente con las acciones, el padre no necesita ser héroe en esta etapa sino ser humano con principios y valores.

Los jóvenes muchas veces se encierran en sus propias preocupaciones “rumiando” sus problemas, hormonalmente sus emociones están desbordadas, es por eso que pueden pasar de estados de tristeza a rabia o alegría con facilidad presentando comportamientos un poco histriónicos (exagerados) en principio, buscan sentirse comprendidos y aceptados por sus amigos, es esta etapa en la que generalmente comienzan las relaciones más intimas y duraderas y por esta misma exacerbación del significado de la amistad, la lealtad y la confianza, cada fallo en la relación se convierte en un gran vacío emocional difícil de comprender para un adulto, quien generalmente se olvida de la importancia que tenían sus propias relaciones en esta etapa, regularmente los adultos tendemos a menospreciar el significado que el adolescente le da a sus problemas, sobreponiendo los propios (financieros, laborales, etc.) frente a los del joven, debemos comprender que cada etapa de la vida (desde el neonato incluso) carga sus propios “problemas” que deben aprenderse a afrontar, los cuales nos preparan para la siguiente etapa y que los hayamos vivido y sean ahora “fáciles” de superar no quiere decir que no sean significativos en la existencia del otro, aprendimos lo necesario pero ellos (los adolescentes) desean y deben darle la importancia que se merecen.

Su visión del futuro es bastante incierta, presentan una fuerte incertidumbre debido a que se ven obligados a tomar gran cantidad de decisiones que reconocen pueden cambiar su futuro, a veces se pueden sentir como pequeños niños queriendo salir a enfrentarse a un mundo para el que no saben si están preparados, pero su enorme deseo de experimentar los impulsa a hacerlo, es en este momento cuando más apoyo y afecto necesitan, porque estos les producirán la autoconfianza que requieren para salir a volar en el momento indicado, este es un punto contradictorio y difícil para el padre o madre porque generalmente son ellos quienes menos preparados están para la partida de su hijo y sus propios comportamientos de retención y duelo (por separación o soledad) producen efectos negativos en el joven haciéndolo más inseguro y por tanto menos preparado, a veces sin intención, aparecen frases que minan la autoconfianza del joven, “si serás capaz?”, “eres inmaduro”, “me necesitas”, “aun eres mi bebé”, “porque no haces/estudias otra cosa”, “en esta casa no tomas tus propias decisiones” induciéndolos a equivocaciones por haber sido forzados a responder como reto y rebeldía y no como una decisión personal y bien pensada. Muchas veces somos los padres quienes recordamos con más frecuencia a nuestros hijos sus debilidades y deficiencias y nos olvidamos de repetir con respeto y orgullo ante los demás y sobre todo ante ellos mismos las enormes cualidades, facultades y habilidades que poseen, nos quedamos en reconocerlas para nosotros mismos pero no comprendemos que ahora más que nunca él necesita oírlas espontáneamente y sin discursos tediosos.

30/03/10

ADOLESCENCIA - ETAPA DE CAMBIOS


Usted conoce personas que aunque podrían tener una vida mejor no avanzan por temor a la incertidumbre? O tal vez se pregunta porque algunas personas siguen haciendo las cosas de la misma manera aunque ahora no tenga mucho sentido? en muchas ocasiones encontramos adultos que presentan fuertes resistencias al cambio, realizan siempre las cosas en el mismo orden, de la misma manera en igual cantidad de veces y que cuando deben enfrentarse a algún tipo de modificación en este patrón muestran fuertes temores y una tendencia hacia las predicciones negativas frente a los resultados; esto sucede debido a que los seres humanos en el transcurso de nuestra vida aprendemos que es mejor tener la certeza de lo mínimo y no la posibilidad de lo mejor, circunstancia que para ser sinceros no tiene mucho sentido.

Y especialmente no tiene sentido porque a lo largo de nuestra vida existen cambios inevitables, que son necesarios para que nuestro cuerpo y mente se desarrollen de la manera adecuada y sin los cuales no sería posible avanzar como seres humanos, nos convertiríamos literalmente en inmaduros - en todo el sentido de la palabra - y eso no es apropiado para nadie. Los cambios ocurren en nuestra vida a diario pero solamente cuando se trata de circunstancias drásticas nos percatamos de ello, los cambios permiten que analicemos nuevas experiencias, tomemos nuevas decisiones y tengamos la posibilidad de sopesar nuevas circunstancias para generar nuevos cambios en nuestras vidas.

Si bien es cierto que los cambios pueden dirigirse hacia resultados favorables o desfavorables de acuerdo con nuestra percepción personal, nunca se podrá decir que los cambios son malos pues quienes finalmente orientan los resultados son nuestras decisiones frente a estos cambios y no los cambios en sí mismos, es decir si el cambio se generó por una nueva posibilidad de trabajo en otra ciudad, sería entonces mi deber como dueño de mi propia vida asegurarme de conseguir lo que necesito para estar bien en esa nueva circunstancia, una nueva casa, nuevas relaciones sociales, etc, y ese nuevo “comienzo” puede convertirse en un redescubrimiento y reestructuración de mis propios intereses y la mejor oportunidad para ampliar mis opciones y expectativas para vivir tranquilo y feliz. Si por el contrario el cambio se da por una circunstancia de valor negativo como por ejemplo el fallecimiento de algún familiar cercano, tendré que percibirlo entonces como una oportunidad de formar mi propia independencia, creer en mis capacidades, superar las adversidades y fortalecer aún más el deseo de salir adelante, es decir mejorar mis habilidades de afrontamiento.

Ahora bien, pensemos que una de las etapas vitales en las que más hablamos de cambios es la adolescencia, no quiere decir que sea la única pero si es la etapa en la que sucede una mayor proporción de cambios en menor tiempo, en este período el joven comienza a constatar cambios en su cuerpo, en su estado de ánimo, en su sensibilidad y no saben cómo manejarlos, sienten nuevas tendencias instintivas y aún no tienen capacidad de razonarlas, ni un equilibrio temperamental para afrontarlas con madurez, si a esto le sumamos la constante incomprensión y falta de apoyo de su ambiente externo, es “normal” que el joven sienta cierta inestabilidad emocional que se verá reflejada en su comportamiento especialmente con el adulto cercano (sus padres). Si como padres no somos empáticos con los sentimientos generados por estos cambios en el adolescente y no reconocemos a su vez los que generan en nosotros mismos, difícilmente podremos comprender el significado real de los vínculos emocionales que estamos desarrollando con nuestros hijos y al hacerlo romperemos la comunicación.

Es por esta razón que la adolescencia genera tantos conflictos entre padres e hijos pues cada uno vive generalmente la etapa desde su ángulo, con sus propios sentimientos, con sus propias experiencias y no con las del otro, se convierte entonces en una lucha de poderes, cada quien intentando salir de la crisis emocional que genera el cambio en su ambiente sin percatarse que ambos van por el mismo camino, si se entendiera, unirían su lucha y vencerían fácilmente.